Uncategorized

Formación audiovisual I

Escribo esto con una enfermiza mezcla de furia, vergüenza frustración y, principalmente, tristeza.

A duras penas tengo la fuerza para escribir o la voluntad para recordar, pero siento dentro de mí la irrefrenable necesidad de que lo que hoy he vivido como actor, alumno y realizador audiovisual no lo vuelva a vivir nadie jamás. Lo que pasó hoy merece ser contado sin ningún tapujo para (al menos dentro de mi conciencia) tener la esperanza de que quién lo lea, no permita que algo similar vuelva a ocurrir.

He trabajado como actor en muchos proyectos de video de la Universidad de Lima. Como parte de un elenco en un proyecto de estudiantes, uno espera que no sea un ambiente ideal; uno espera que haya errores y falencias naturales dada la circunstancia, al fin y al cabo, son alumnos en un proceso de aprendizaje y formación dentro de una disciplina inclemente, compleja y demandante. Sin embargo, lo vivido hoy, excede cualquier tipo de falencia natural a la coyuntura educativa y pasa a convertirse en un festival desolador de incompetencia, ineptitud e irresponsabilidad.

Todo inicia temprano, a las 8:30 de la mañana de un segundo día de rodaje, tras un comienzo poco auspicioso el día previo, en el que el elenco principal de actores estuvo en locación durante 5 horas sin trabajar una sola escena para luego terminar 4 en dos horas. Me dirijo con expectativa a la Universidad de Lima para trabajar en lo que espero sea una mejor jornada. Llego puntual junto a los colegas actores, todos a la hora que se nos citó (8:30 am.), ingresamos a la universidad, nos dirigimos al salón donde se grabará (desde ya una locación inadmisible para un curso y un proyecto del nivel en que se está trabajando), nos cambiamos y nos disponemos a recibir indicaciones. Esperaríamos esas indicaciones durante todo un día sin que jamás llegaran.

Enfundado en un sobretodo amarillo de polar tres tallas más chicas de las que mi cuerpo permitía (no creo que necesite hacer énfasis en las áreas particulares que agonizaron durante 13 horas de rodaje), esperé junto a mi elenco las indicaciones de trabajo. Recibimos agua, bocaditos, las chicas maquillaje y durante dos horas disfrutamos de varias gollerías de las que abundan en los proyectos de video de la UL (que no tienen nada que envidiarle a ningún servicio de catering en la ciudad y que ayudaron a mantener el buen ánimo del elenco), pero más allá de golosinas, agua y maquillaje, ninguna indicación sobre qué se iba a grabar ni cuál sería el orden de escenas del día.

No fue sino hasta que dieron las 10:30 y el escenario de la primera escena (un enigma para los actores hasta ese momento) estuvo terminado, que el director se nos acercó uno a uno para darnos las “indicaciones”.

Hago un alto aquí. He trabajado con bastantes directores estudiantes y profesionales, compartiendo experiencias buenas y malas. Gracias a ellas he aprendido mucho, he evitado errores y he potenciado virtudes en mi propio trabajo (a tal punto que me he sentido lo suficientemente confiado como para dar modestas charlas que ayuden a otros estudiantes como yo a desempeñarse mejor en este cargo tan difícil). Puedo decir con sinceridad que el cargo de dirección me merece el más sincero de los respetos y que lo ejerzo siempre con pasión, tanta pasión como cualquier otra actividad que ejecute en una tarea audiovisual. Es precisamente por ese respeto y pasión, hoy tan desvergonzadamente mancillados, que escribo esto con la impotencia de alguien que sufrió al fruto de un sistema académico fallido en todos sus niveles, creador de mediocridad y calidad paupérrima.

Mi director de hoy era, lamentablemente, un estudiante incompetente. Un sujeto incapaz de guiar a un elenco de 5 actores principales, 4 secundarios y 6 extras. Un sujeto sin carácter para gestionar a un equipo de producción de 12 personas, ni herramientas para sacar adelante un guión de 30 escenas. En mis momentos de mayor furia, podría haber despotricado de manera abusiva contra él, como algunos de los miembros del equipo de producción que, hastiados por su lentitud e incapacidad, no encontraban mejor solución a los problemas que hacerle notar lo inepto e incapaz que era y cómo se desaprobaba su gestión en pleno. Más calmado, no creo que eso sea justo.

No creo que sea justo porque, más allá de su comprobada y desoladora falta de carácter, la ineptitud e incapacidad son fácilmente corregibles cuando estás correctamente educado en la disciplina audiovisual (como en cualquier otra disciplina). Nadie nace sabiendo dirigir, pero uno aprende; ya sea por cuenta propia o por virtud de la institución educativa en la que te estás educando, tú aprendes a dirigir. Por ende, si el de hoy fue un parangón de incapacidad en dirección audiovisual ¿debo culpar al estudiante? o ¿a la institución que tan apabullantemente ha fracasado en darle las herramientas para desempeñarse en su cargo dentro de sus posibilidades?

Me atrevo a decir que hoy fue una mezcla de ambos.

Las indicaciones fueron nimias. Descripción de lo que iba a decir el actor mientras nos leía nuestras propias líneas en una voz temblorosa y casi inaudible. Luego de ello, al set y a grabar… creíamos.

Dibujen esta escena en su mente. 4 luces de 800 watts encienden una pared. Frente a ellas, una reja negra de utilería (que fue encontrada de manera fortuita por la producción cuando se llegó al salón) sobre la cual cuelgan vísceras de pollo recién compradas que perfuman el ambiente con un insoportable aroma putrefacto. Este es el tipo de locación donde no quieres (ni debes) grabar a no ser que sea absolutamente necesario y donde se necesitan una agilidad y criterio que hoy estuvieron ausentes, forzando a los actores a soportar con ridículo coraje esta macabra locación (y todas las demás en las que trabajaríamos).

Los errores y espantos cometidos por la producción en esta escena se repetirían durante todo el día y su intensidad aumentaría espeluznantemente. El ciclo era el mismo: llamar a los actores a escena, tenerlos ahí sin darles ninguna indicación, coordinar con el Jefe de Práctica dónde estaría la cámara y cómo se vería el encuadre (porque no se contaba con un storyboard, diseño de planta ni guión técnico); volver a llamar a los actores, describirles la escena y leerles sus líneas, grabar, corregir, corregir, grabar, diseñar la nueva toma con los actores en escena, no brindar información sobre qué se grabará ni cómo ni a quiénes involucra. A este pandemonio se suma la ausencia del protocolo de tiro de cámara, que había sido desplazado por insoportables gritos de “cállense, corre cámara, 3-2-1 corriendo, silencio, acción” o simplemente “corre cámara, acción” sin jamás avisar qué escena se grababa ni qué actores podían no estar fermentándose frente a las luces.

Esto se repitió durante 13 horas y en escenarios igual o más paupérrimos y perniciosos para la salud e integridad de los actores. Ya sea frente a tripas de pollo fermentándose al calor, o sentados en el piso espalda con espalda y amarrados por dos cables eléctricos durante 40 minutos, mientras el equipo de producción se debatía en cómo y dónde iba a ir la cámara (entre los actores atados estaba un septuagenario y admirable Enrique Jorquera). Hasta la salvajada final, que consistió en grabar en exteriores de noche a 16 grados y con tenue garúa durante 3 horas con un plan de rodaje tan caótico y desesperante que generó la negativa de los actores a grabar las últimas dos escenas que se pedían, por haberse sentido ineficiente e irrespetuosamente dirigidos (sometidos al frío por mera falta de criterio y sensatez de los realizadores).

Podría desvivirme relatando con detalle el festival de errores que la producción cometió durante el día, pero no ese es el objetivo de este texto ni de los que vendrán luego (porque el llamado de atención va desde los alumnos hasta el profesor y Jefe de Práctica que permitieron un día de rodaje así), sino tratar de responder a la pregunta ¿Qué clase de profesionales audiovisuales está formando la Universidad de Lima?

Después de un horror como el de ayer, la “mejor facultad de comunicación del país” tiene muchas explicaciones que dar.

 

 

Nota aparte merecen los excepcionales actores que sobrevivieron a mi lado con un estoicismo y pasión admirables y que bordeaban la locura. Un grupo que merece mi mas sincero respeto y admiración. Así mismo, las muchachas de producción encargadas de tratar a los actores como seres humanos merecen un reconocimiento, siempre dispuestas a ayudar, a brindarnos agua, comida y tanta comodidad como permitía la situación. Las únicas que cumplieron su trabajo como debía y debe siempre ser cumplido.

Estándar

One thought on “Formación audiovisual I

  1. Lina dice:

    Varias Universidades en materia audiovisual tienen problemas de estos y realmente hacen poco o nada por resolverlo. Y concuerdo absolutamente contigo, el profesor es uno de los grandes responsables de dicha falla y no han sabido realizar o ejecutar una acción de mejora. Hagamos la labor de hacer llegar estas fallas a los directivos correspondientes y proponer soluciones. Y que los apasionados sigan de apasionados, que sólo así se triunfa frente a la adversidad.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s