Business, Cine, Film, Films, Industria, Latinoamérica, Perú, Taquilla cine peruano

Taquilla 2016 (V) – Pinchazo a la burbuja

Esta serie de artículos fue escrita gracias a la invaluable colaboración de Alberto Castro, cuyas cifras e información brindadas permitieron realizar un análisis certero y meticuloso del escenario de la taquilla de cine nacional del año 2016.

Una burbuja de mercado es un fenómeno económico caracterizado por la rápida escalada del valor de un producto y su súbita disminución o contracción. Si han oído hablar del “boom del cine peruano” durante los últimos años, es probable que también hayan escuchado el término “burbuja”, usado normalmente por analistas más recelosos al momento de discutir el crecimiento de la asistencia a cintas locales de los últimos años.

Razones no les falta para mencionar este fenómeno. En tan solo un año el cine peruano pasó de no tener más de medio millón de espectadores (en lo que se consideraba un buen año), a tener 4,035,171 de ellos. Los años posteriores a ese hito mostraron un aumento igual de colosal y esto, además de satisfacción, generó temor. Temor porque una “súbita escalada del valor de un producto” (o en este caso, de espectadores y películas) podía estar acompañada de una disminución igual de súbita y con efectos terribles.

Como se mencionó en el artículo anterior, el 2017 parece ser el año donde esa disminución ocurre y la burbuja revienta. A continuación se explicará por qué.

Pinchazo a la burbuja

Chico Percebe vendría a ser el 2017 en este escenario.

 

Tras 4 artículos, podemos tener una panorama claro de la situación actual del medio cinematográfico peruano:

  1. La comedia y Tondero reinan en la escala de preferencias del público.
  2. El terror como género se condenó al olvido por su propia incapacidad de escuchar los pedidos de mejora del público.
  3. No tener una distribuidora es casi una condena inescapable al sótano de la tabla de asistencia.
  4. La asistencia a películas peruanas crece a ritmos agigantados, pero deja retos mayores para los años venideros.

En líneas generales, el escenario parece saludable y los retos presentados por las cifras exitosas de un año no deberían representar un problema, ¿cierto? Después de todo, la motivación por cumplirlos ayudaría al crecimiento del medio y a ir aumentando año a año nuestro volumen de consumo de cintas locales.

Pues, en palabras de Dos perros tontos:

Lamentablemente, un medio no industrializado (como lo es el peruano) no puede ver los retos que el mercado le presenta con entusiasta optimismo, pues no existen los factores materiales que le permitan cumplirlos y el costo de ese incumplimiento es demasiado alto.

Es una certeza que el negocio del cine en el Perú está en alza, pero también lo es la imposibilidad de que todos los realizadores puedan aprovechar en relativa igualdad de condiciones la ventana de oportunidad que el mercado ofrece. Esa brecha mantiene viva y presente la amenaza de la súbita explosión de la burbuja, pues para causarla solo es necesario que aquellas productoras capaces de mantener un volumen constante de producción y alta asistencia flaqueen.

Ese temido momento parece haber llegado en el 2017, debido a la poca cantidad de asistentes que las películas peruanas han logrado atraer hasta el mes de junio y a la baja cantidad de estrenos peruanos programados en el año (al momento de culminar este artículo se estimaba un total de 17 estrenos en el escenario más optimista). Esta súbita retracción en la cantidad de estrenos y asistentes podría hacer que el 2017 no solo sea un año de limitado crecimiento (como lo fue el 2015), sino el primer año con una depresión en la cantidad de asistentes desde que se inició el llamado “boom”.

¿Qué tendría que ocurrir para que estas proyecciones no se cumplan? Teniendo en cuenta los valores del año 2016 y la cantidad de estrenos estimada del 2017, la asistencia a películas peruanas debería alcanzar una media de 2,812,652 espectadores para lograr igualar el “promedio esperado de espectadores” y aún así, eso sería considerado un año de decrecimiento.

chart (6)Estar por encima de la línea azul es una buena proyección, pero no si esto causa que la roja comience a descender.

 

¿Es viable alcanzar esa cifra? Considerando que en el 2016 el promedio de asistencia fue de 4,394,770 espectadores, se podría decir que sí. Pero ahí entra en juego la baja cantidad de estrenos en el año para volver aciagas las expectativas. El 2016 necesitó de 26 películas peruanas para alcanzar ese promedio de más de 4 millones de espectadores, el 2017 tan solo contará con 17 o menos.

Junto con ello, está el haber pasado ya los meses donde los blockbusters peruanos recolectaban más de 1 millón de espectadores (abril y mayo desde el 2013) y esa cifra no se ha alcanzado aún y podría no alcanzarse en el año. Esto puede derivar en dos resultados: o se distribuye mejor la cantidad de espectadores entre películas (en tanto haya varias cintas con medio millón de espectadores o más) o se condena al año a una baja taquilla anual (en tanto ninguna otra cinta logre superar el medio millón de espectadores).

Por ahora, toda la evidencia y proyecciones indican que estamos ante el primer año de severo decrecimiento luego del “boom” de 2013. Se tendrá que esperar para ver cómo el medio responde a ello, si es que se trata tan solo de un pequeño bache que “sincere las cifras” hacia un crecimiento más bajo, pero más estable durante los próximos años, o sí es el primer declive de muchos, aquel que como con el terror, termine por llevarse a la tumba el “boom” y con él las expectativas de construir una industria cinematográfica peruana.

Estándar
Business, Cine, Film, Films, Industria, Latinoamérica, Perú, Taquilla cine peruano, Uncategorized

Taquilla 2016 (IV) – Números reales ¿crece en verdad el cine peruano?

Esta serie de artículos fue escrita gracias a la invaluable colaboración de Alberto Castro, cuyas cifras e información brindadas permitieron realizar un análisis certero y meticuloso del escenario de la taquilla de cine nacional del año 2016.

Llegó la hora de la verdad. Luego de todo lo expuesto en los artículos previos, es momento de preguntarnos ¿fue el 2016 un buen año para el cine peruano?

dbaa9d5851f43552b1ce72b7fd195f88Pongámonos en modo Unikitty, es hora de hablar de negocios.

 

La respuesta concreta es sí, siempre y cuando lo veamos desde la perspectiva más pragmática posible.

Números reales ¿crece en verdad el cine peruano?

Olvidémonos por un segundo de los cuestionamientos a la idea de consolidar una industria cinematográfica. La idea de que la bonanza de estrenos y asistencia que vivimos sea una burbuja capaz de estallar en cualquier momento, la competencia desigual entre casas productoras y las barreras de mercado para los realizadores independientes. Por este bloque, consideremos a todo lo anterior como elementos naturales del libre mercado y pensemos en nuestro medio cinematográfico desde la perspectiva más pragmática posible.

Bajo esa mirada, la medición de éxito más elemental para un medio enfocado en vender películas es saber cuántas personas las compraron y si esa cifra está por debajo o por encima de la que se tenía estimado cumplir al final del año. Para saber esto necesitaremos conocer la “asistencia real” de cada año (la cifra de asistentes anuales sin contar el estreno más exitoso) y el “promedio esperado de asistentes” de cada año (la medida de referencia que nos permite ver si vendimos más o menos de lo que debimos haber vendido en el año).

Luego de realizar los cálculos correspondientes, quedamos con estos resultados para los últimos tres años.

image (22).pngMientras la línea roja esté siempre por encima de la azul, podremos cerrar el año con pragmática satisfacción.

 

El crecimiento es evidente y esperanzador. Luego de haber estado 1 millón de espectadores por debajo del promedio de asistencia esperado en el año 2015, el 2016 se recuperó y sobrepasó las expectativas con creces. Además de ello, este pico en el promedio de “asistencia real” demuestra que hay una tendencia al alza en el consumo de cine peruano y que, aunque esto suene como una cruda ironía luego del artículo anterior, el volumen de espectadores ha estado mejor distribuido entre todas las cintas estrenadas este año.

Si esta medición no resulta satisfactoria o representativa (después de todo, tan solo se está midiendo qué tan bien compiten las películas peruanas entre sí), se puede optar por evaluar el éxito de la venta de películas peruanas en base a cuánto público captan frente a la taquilla global. Para esto, es necesario dirigir la mirada hacia un cuadro donde las cifras crecen estratosféricamente con disciplinada y mecánica precisión.

chart (5)Crecimiento parejo que, sin duda, celebran los multicines.

 

49,500,000 espectadores, de los cuales 5,628,103 compraron cine peruano. Puesto de esa manera, la participación en el mercado del cine peruano suena diminuta y hasta risible. Tan solo el 8.8% de asistentes consumieron cine peruano durante el año 2016.

Sin embargo, dicha cifra no debe ser vista de manera negativa, ya que representa un ritmo estable de participación en el mercado (se oscila entre 10% y 8% anualmente) e incluso se encuentra a la par de otros países de la región con industrias más desarrolladas y competitivas (la participación de las cintas locales en Colombia, por ejemplo, oscila entre 5% y el 10% desde 2007).

image (23).pngPequeño pero estable, el resumen del porcentaje de asistentes a cintas peruanas frente al total anual.

 

Tomando en consideración lo expuesto, se puede asegurar que el cine peruano crece, mantiene una curva de asistencia ascendente y un modesto y estable porcentaje de participación en el mercado global. Nada mal para un medio que no tiene “ni por asomo una industria cinematográfica” (Bedoya, 2016).

Sin embargo, estas optimistas afirmaciones cambian de tono hasta convertirse en un mal presagio cuando se considera que las cifras positivas de un año representan el reto del siguiente. Un reto que posiblemente quede muy grande para nuestro medio cinematográfico y que conlleve a la tan temida “explosión de la burbuja”.

Aquella línea roja ascendente de la “asistencia real” cuadros más arriba es tremendamente frágil y solo necesita de un año con bajo volumen de estrenos, espectadores o ambos para venirse abajo estrepitosamente y derrumbar cualquier expectativa de crecimiento optimista aquí expuesta.

Al juzgar por las cifras de la mitad del 2017, ese año parece haber llegado y en el último artículo de esta serie se discutirá qué debe ocurrir para que este no se convierta en el año en el que explotó la burbuja.

 

Estándar
Business, Cine, Film, Films, Industria, Perú, Taquilla cine peruano, Tondero

Taquilla 2016 (III) – Los de arriba y los de abajo

Esta serie de artículos fue escrita gracias a la invaluable colaboración de Alberto Castro, cuyas cifras e información brindadas permitieron realizar un análisis certero y meticuloso del escenario de la taquilla de cine nacional del año 2016.

Un universo de películas reflejado en el año de una sola casa productora y un boom que no parece ser equitativo para todos los estilos de cine. Además de establecer cambios en las preferencias entre géneros cinematográficos y consolidar la hegemonía de Tondero y la comedia, el 2016 también demostró que el cine arte en Perú sufrirá bajas cifras así tenga o no el amparo de la realeza del cine local.

¿Qué causa este escenario? ¿Cómo puede contrarrestarse? ¿Quiénes son los responsables de que el cine arte sea el perenne castigado en la taquilla? En este tercer artículo trataremos de responder a esas preguntas y ofrecer soluciones, para lo que debemos empezar revisando el resumen del año de Tondero.

Los de arriba y los de abajo

Tal como fue explicado en el primer artículo de esta serie, el vivo reflejo de lo que fue el 2016 para el cine peruano puede verse en el resumen del año de la casa productora Tondero.

010.png

El medio cinematográfico peruano resumido en un cuadro.

 

Aquel microcosmos de Tondero llega a ser una fiel equivalencia de los cuadros mostrados en artículos previos. Refleja la popularidad de los géneros más vistos (comedia y drama), además de presentar las dramáticas cifras de las películas que no cuentan con el favor del público, como Solos. Esta última se convertiría en el niño símbolo de todas las cintas de cine arte estrenadas en el 2016, no solo por sus bajas cifras, sino por su retiro de muchas salas luego de tan solo un día de exhibición.

Durante años, las cintas de cine arte peruanas se han visto en escenarios similares al de Solos en lo que respecta a una fría acogida por parte del público y una severa (y a veces abusiva) retirada de cartelera por parte de los cines, siendo Las malas intenciones (2011) y Lima 13 (2013) los ejemplos más recientes.

¿Quiénes son los responsables de esta situación? ¿Por qué las cintas independientes y producidas con fondos estatales (Salvo Magallanes, Viejos Amigos y El Evangelio de la Carne) parecen estar condenadas al sótano de las preferencias de los espectadores? ¿Quiénes son los actores involucrados en este fenómeno que parece no tener solución a pesar de estar viviendo un periodo de bonanza cinematográfica? Las respuestas a estas preguntas las obtendremos al analizar los datos que el 2016 nos ha dejado, empezando por la presencia en el mercado y la asistencia que cada distribuidora de películas amasó durante el año.

image-20Recuerden ese gran bloque rosado de “estrenos distribuidos independientemente”.

 

Las distribuidoras son las encargadas de distribuir las películas entre los cines, así como ayudar a elegir la fecha de estreno propicia, la magnitud del lanzamiento y seleccionar las ventanas publicitarias indicadas para acercarse al público objetivo que le corresponde a cada film (EnCinta, 2014). Como se ve, las distribuidoras son un eslabón vital en la vida de una película y, tal como lo muestra el cuadro anterior, casi la mitad de los estrenos del 2016 no contaron con él.

chart (1)¿Recuerdan ese enorme bloque rosado del cuadro anterior? Es esa pequeña línea casi invisible ahora.

 

La primera conclusión que se puede sacar de estos cuadros es que la carencia de una distribuidora parece condenar a una cinta peruana a lo más bajo de los ránkings de asistencia y, en consecuencia, a una cortísima estancia en los multicines. Salvo por Solos (distribuida por Tondero) y La Deuda (distribuida por UIP), todas las películas que no lograron alcanzar los 10 mil espectadores en el año fueron distribuidas independientemente.

Entonces ¿son los distribuidores los villanos responsables de que el cine arte sea tan poco visto? Pues no podemos asegurar algo así, salvo el caso de Daniel F. Molero (Videofilia y otros síndromes virales), donde hubo un acuerdo de palabra no respetado con una distribuidora, no podemos acusarlas por no dar cabida a una cinta que consideran no les va a presentar beneficios económicos. Junto con ello, la carencia de distribuidoras no es una condena absoluta, después de todo, hay dos películas en el bloque de cine arte que sí contaban con ellas y eso no las salvó de una corta estancia en los multicines.

Eso podría indicar que los verdaderos responsables de este escenario son los propios multicines, el episodio de Solos es suficiente para evidenciar una actitud abusiva frente a cintas peruanas no comerciales. Pero los multicines actúan bajo un promedio de sala, una cantidad de espectadores que cada estreno debe alcanzar o sobrepasar en su primera semana para poder asegurar su permanencia a lo largo del tiempo, modelo que funciona de maravilla para los otros estrenos peruanos.

Evidentemente, el retirar una película luego de 1 día no respeta el funcionamiento del promedio de sala (ya que este mide la asistencia del primer fin de semana), pero salvando ese caso (y el del documental Rodar Contra Todo), las otras películas que tuvieron un paso fugaz por los multicines cumplieron su semana y luego fueron retiradas.

Entonces ¿es culpa de los directores, quienes han realizado cintas que no empatan con los gustos de los asistentes a los multicines? No. Un director es libre de realizar el cine que desee, sea cine comercial o cine arte, y el medio en el que lo exhibe debería presentar una plaza donde el público al que se dirige pueda consumir su película.

Todo esto nos deja exactamente donde empezamos: sin responsables y solo con la certeza de que algo anda mal. Así que para no irnos con la sensación de que este acápite ha sido un tributo a la futilidad, tenemos que recurrir al márketing y a una de sus herramientas más elementales: las 4 p (producto, plaza, promoción, precio).

Iniciemos estableciendo que no hay villanos aquí. Sí, hay casos puntuales de abuso en el que están involucrados los distribuidores y los cines (Videofilia, Rodar Contra Todo, Solos) y no haría daño que los directores tengan un poco más en mente al público cuando realizan sus cintas, pero obviemos esto por unos momentos.

Partiendo de esa base convengamos que nos encontramos en un escenario donde un producto (cine arte) no cuenta con la promoción adecuada (principalmente por la carencia de capital y no contar con una distribuidora) y no puede adecuarse a los requerimientos que su plaza de exhibición le exige (estamos hablando de cintas que aspiran atraer a 50 mil personas a lo largo de su temporada de exhibición – los multicines pueden pedir la mitad de eso tan solo en un fin de semana – ).

La solución a este escenario, entonces, debe partir desde esa perspectiva y puede manifestarse a través de una mejor promoción para que la cinta y su contenido sean de conocimiento de la mayor cantidad de público posible antes de su estreno (modelo que aplicó El Soñador con su estupenda campaña en redes sociales y concurso de cortometrajes). Junto con ello, se presenta la opción de que los cines adapten sus espacios para recibir a cintas que no pueden tener llegada a un público masivo, tal como las salas de “cine arte” de UVK.

Si bien las soluciones propuestas pueden pecar de cándidas (no todos cuentan con el capital para la promoción con el que contó El Soñador y aún contando con él no se pueden asegurar grandes cifras), estas intentan exponer que este problema debe abordarse necesariamente desde el márketing y dejar de culpar a los actores involucrados en el medio cinematográfico si se espera llegar a una solución.

Sí, hay casos de abusos que deben ser denunciados y corregidos, pero también existe la necesidad de comprender cuál es la plaza ideal para una película, la necesidad de que haya políticas que permitan la creación de dichas plazas y así construir un ambiente donde sea rentable o medianamente atractivo para una distribuidora apostar por el cine arte, el cuál debe estar más cerca del público y un poco menos refugiado en la cosmovisión de los creadores (no olvidemos que el arte también es un producto que debe venderse).

Enfocando el problema desde esa perspectiva podremos dar los primeros pasos hacia un medio cinematográfico sin abusos y donde todo el público pueda consumir el cine de su preferencia equitativamente.

Estándar
Cine, Film, horror, Industria, Perú, Taquilla cine peruano, terror

Taquilla 2016 (II) – Terror, el género desaparecido y el auge del drama

Esta serie de artículos fue escrita gracias a la invaluable colaboración de Alberto Castro, cuyas cifras e información brindadas permitieron realizar un análisis certero y meticuloso del escenario de la taquilla de cine nacional del año 2016.

¡Asu Mare! no estuvo solo en aquel impresionante 2013 donde Tondero inició el ciclo de blockbusters peruanos exitosos. Al lado de sus 3,037,677 espectadores estaban los nada despreciables 747,000 que Cementerio General logró atraer, una cifra igual de colosal (era tan solo 100 mil espectadores menos que el total de asistentes a cintas peruanas de los tres años previos).

Luego de aquella exitosa incursión, se estrenaron 4 películas de terror por año, motivados por el hecho de ser uno de los géneros más consumidos en Perú y el éxito que Cementerio General tuvo. Durante el año 2014, la apuesta pareció rendir frutos, pero luego el género presentó una fatiga que solo se visibilizaba a nivel de crítica (con cada vez más críticas negativas), pero no se analizó a nivel de cifras, donde se mostraba un serio decrecimiento en la asistencia y la migración del público hacia otro tipo de películas.

Terror, el género desaparecido y el auge del drama

Cuando se tiene un monolito inamovible como la comedia en los cuadros, observar una variación en los gustos del público hacia otros géneros resulta no solo refrescante, sino valioso para poder entender mejor nuestro mercado y las fluctuaciones que pueden presentarse en los gustos de los espectadores. En el caso puntual del 2016 se vio un decrecimiento anunciado desde hace ya buen tiempo: el descenso drástico del interés del público en las cintas de terror peruanas.

image (15).pngEn azul la cantidad de asistentes a películas de terror en el 2016.

 

Para el año 2014, el terror era el género hermano de la comedia en lo que respectaba a rentabilidad taquillera, con poco más de 1 millón de espectadores y cuatro estrenos en el año. Luego de que Cementerio General fuera la acompañante de ¡Asu Mare! el año en el que inició la bonanza de estrenos y asistentes, el terror se erigió como un género con cifras lo suficientemente sólidas como para retener el interés del público a lo largo del tiempo. Un año después, sin embargo, esa imagen comenzó desdibujarse.

Para el año 2015, los cuatro estrenos de terror peruano atrajeron a 588 mil 992 espectadores (casi 500 mil menos que el año previo) y la sensación de críticos y público en general era la de un evidente desapego hacia el género. Para el año 2016, esa sensación se ha convertido en una realidad inescapable, ya que el terror, contando con la misma cantidad de estrenos que en años previos, ni siquiera logró atraer a un tercio del público que logró amasar en su año más fructífero.

“Hay una sensación de profecía autocumplida en este escenario, ya que el desapego del público hacia las cintas de terror locales era un tema ampliamente comentado”.

¿Cuál puede ser la consecuencia inmediata de esto? La primera sería el alejamiento del financiamiento privado de las cintas de terror, ya que una curva descendente de espectadores las mostraría como una inversión no rentable. Si la inversión privada disminuye al mismo ritmo que la asistencia, las posibilidades de obtener ganancias produciendo una cinta de terror se vuelven cada vez más escasas, por lo que se producirán cada vez menos películas hasta que la mano invisible del mercado se encargue de sacar al género del radar.

image (16).pngEl descenso en la taquilla parece ser ya una sentencia inescapable.

 

Hay una sensación de profecía autocumplida en este escenario, ya que el desapego del público hacia las cintas de terror locales era un tema ampliamente comentado. La singularidad era que este desapego era tan públicamente comentado como aquello que lo estaba causando: la baja calidad de las películas.

Durante dos años las cintas de este género recibieron críticas mixtas o netamente negativas, pero parece que los cineastas no hicieron caso a los comentarios y opiniones del público y la crítica. Hoy vemos el resultado de esa omisión (hasta junio de 2017 no se ha estrenado ni una sola película de terror).

Sin embargo, el descenso de un género implica el ascenso de otro en la escala de gustos cinematográficos. En el caso puntual del 2016, el género revelación fue el drama, el cual logró un 26,9% de presencia en el mercado gracias a sus 7 estrenos y un total de 675,563 asistentes, la cifra más alta que haya amasado desde el aumento de estrenos y público en el 2013.

image (17).png

Estas son las cifras del segundo género más exitoso (?) del cine peruano.

 

Puede que, luego de ver el cuadro de asistencia, se generen dudas sobre por qué las cifras del drama hablarían de un año particularmente exitoso para este género, por lo que es necesario ponerlas en contexto.

El drama ha sido un género que, con muy bajo perfil, siempre ha tenido una buena presencia en el mercado, con un promedio de siete películas por año desde el 2013, pero nunca ha presentado un pico tan alto de espectadores como en 2016.

Es precisamente este pico el que nos permite hablar de un año exitoso para el género. Si bien se encuentra muy lejos de las cifras de la comedia, la asistencia de este año ha constituido un indicador que determina un crecimiento estable y con buenas proyecciones a futuro.

image (18).pngEl decrecimiento del drama es menor a su crecimiento, dándole buena proyección a futuro.

 

Tomando en consideración el drástico descenso de estrenos de películas de terror, el decrecimiento sostenido de su taquilla y las cifras ya expuestas de las cintas de drama ¿podríamos decir que estas se han convertido en el segundo género más consumido por los peruanos de aquí al futuro inmediato?

image (19).pngTodo parece indicar que sí.

 

Si bien habrá que esperar al cierre del 2017 para confirmar esta tendencia, es muy improbable que el terror logre si quiera igualar las cifras del 2016 ya que tiene tan solo un estreno programado. Esto hará que, aún en un año de baja asistencia general a las películas locales, el drama ratifique su posición como el segundo género más consumido del cine peruano.

Mientras tanto, el terror parece condenado a desaparecer del radar, pero no sin antes dejar una advertencia para todos aquellos géneros que se creen invulnerables a la fatiga del público. Será el primer caído de este llamado boom y el símbolo de la consecuencia de hacer caso omiso a las demandas de los consumidores y opiniones de los críticos.

Estándar
Business, Cine, Film, Films, Industria, Perú, Taquilla cine peruano, Tondero

Taquilla 2016 (I) – Los reyes del cine peruano

Esta serie de artículos fue escrita gracias a la invaluable colaboración de Alberto Castro, cuyas cifras e información brindadas permitieron realizar un análisis certero y meticuloso del escenario de la taquilla de cine nacional del año 2016.

El cine peruano ha presentado un innegable crecimiento en los últimos 4 años. Desde aquel 2013 en el que ¡Asu mare!Cementerio general presentaran millonarias taquillas, el medio ha logrado producir más de 20 cintas anuales y atraer a 5 millones de personas con suficiente frecuencia como para vislumbrar esperanzados un futuro inmediato donde exista una industria cinematográfica peruana sostenible. Sin embargo, aún no tenemos ni por asomo una industria de cine peruano (Bedoya, 2016).

¿Cómo es posible que un medio con las características descritas no pueda ser considerado como uno al borde del desarrollo industrial? A lo largo de esta serie de 5 artículos, observaremos con detalle la data que nos dejó la taquilla del 2016 y la sopesaremos con la de años previos para poder tener un mejor entendimiento del escenario del cine nacional y comprender cómo la bonanza de estrenos y espectadores no es sinónimo de desarrollo de la industria cinematográfica.

La comedia y Tondero, los reyes del cine peruano

El 2016 pareció confirmar que hay dos tipos de películas ineludiblemente destinadas a tener éxito comercial en Perú: comedias y películas producidas por Tondero (y si se trata de una comedia producida por Tondero, entonces tendrás entre manos una de las 3 películas más taquilleras del año).

001Ese Pac-Man azul que se come a los otros géneros es la comedia.

 

Tal como muestra el gráfico, 81,6% del total del público que fue a consumir una película peruana en el 2016 prefirió consumir una comedia frente a cualquier otro género, lo que equivale a 4.5 millones de los 5.6 millones de asistentes totales. Tamaña preferencia confirma la hipótesis expuesta por EnCinta hace dos años: la comedia es la apuesta segura al momento de producir una película para asegurar, por lo menos, un mediano éxito comercial, lo que también se puede comprobar cuando vemos el ranking de las 10 películas peruanas más vistas del 2016 (donde las comedias ocupan las cuatro primeras casillas y siete del total).

002

Con esas cifras en mente, uno asumiría que, para poder amasar tamaña cantidad de espectadores, la comedia es el género más producido y estrenado en el mercado, pero no es así. A pesar de atraer al 81,6% del público, la comedia tan solo cuenta con un 30% de participación de mercado gracias a sus ocho estrenos, le siguen de cerca el drama con siete y el terror con cuatro.

003A diferencia de la distribución de espectadores, la participación en el mercado de cada género está distribuida mucho más equitativamente.

 

Donde sí podemos hablar de un dominio que logró una relación proporcional entre cantidad de estrenos y público atraído es con Tondero. La productora amasó 46,1% de espectadores (2.5 millones de asistentes del total de 5.6 millones) gracias a sus cuatro estrenos del año, tres de los cuales se encuentran en el Top 5 de películas con más asistentes del 2016.

image-14En azul, los reyes de la taquilla del cine peruano.

 

Atraer a casi la mitad de asistentes a cintas locales, estrenar más películas en el año que cualquier otra casa productora y colocar a tres de sus cuatro películas en el Top 5 de estrenos más taquilleros del 2016 demuestran incuestionablemente que Tondero es el rey del cine peruano. Sus cifras son avasalladoras, su disciplina y maquinaria de producción son admirables (producir el blockbuster local más taquillero de cada año no es tarea fácil). Durante los últimos tres años, Tondero ha sido el sinónimo del cine peruano, a tal medida que este año el microcosmos de la casa productora ha sido el fiel reflejo del universo cinematográfico local, en el que las comedias reciben una gran acogida, el drama se despunta como un nuevo y atractivo género para los espectadores y las cintas independientes o de autor sufren debido a la severidad de los cines y al poco interés del público (escenario que será discutido en siguientes artículos).

Si algo se puede confirmar al analizar las cifras de la taquilla del 2016 es que se valida el discurso de los últimos años, donde hablar del éxito de Tondero es hablar del éxito del cine peruano… pero ese es un discurso engañoso y debemos empezar a corregirlo.

Es verdad que el llamado “boom” del cine peruano inicia en el 2013 de la mano de Tondero y ¡Asu Mare! y desde ahí hemos sido testigos de un aumento innegable de estrenos y asistencia. Sin embargo, luego de 3 años y contando con la suficiente información como para mirar atrás y evaluar el escenario desde una perspectiva más crítica, valdría la pena preguntarnos si es que debemos catalogar al éxito del cine peruano de los últimos años como “el éxito del cine peruano” o “el éxito de una sola empresa”.

Basta con observar los cuadros de la taquilla del 2016 para dar una respuesta a esa pregunta, la cual también nos da los primeros indicadores sobre por qué, a pesar de las espléndidas cifras, no podemos decir que estemos cerca a desarrollar una industria.

Tan solo contamos con una casa productora capaz de empujar el carro hacia adelante con fortaleza herculeana, mientras a su alrededor vemos casos de éxito esporádicos, pero incapaces de igualar las cifras del actor principal.

Es quizás esa la primera conclusión importante que la taquilla del 2016 nos deja, la necesidad de hacer la separación entre el éxito de Tondero y el éxito del cine peruano (sin que esto signifique menospreciar el trabajo y logros del primero) para poder tener una apreciación mucho más objetiva del panorama cinematográfico local, evaluar sus falencias y necesidades; así como, establecer las medidas que nos permitan tener un ambiente mucho más competitivo que conlleve al desarrollo de  una industria cinematográfica autosostenible.

En lo que respecta a lo que se puede concluir sobre los géneros estrenados, los realizadores pueden tener la certeza de que producir una comedia es la opción más rentable que el mercado les presenta y con la que pueden tentar un lugar en el top 10 de cintas más taquilleras del año (o al menos alcanzar un mínimo de 50 mil espectadores). Junto con ello, se presenta una muy atractiva ventana de oportunidad debido al surgimiento del drama como un género favorecido por los espectadores frente a la ya visible retracción del terror, de la cual hablaremos en el próximo artículo.

Estándar
Business, Cine, Film, Films, Industria, Latinoamérica, Perú, Uncategorized

Sobre PPK y las industrias culturales

El Plan de Gobierno de PPK contiene solo una propuesta directamente ligada al área cinematográfica, la cual consiste en mantener la entrega del fondo concursable de la Ley de cine; así mismo, considera “indispensable trabajar en la actualización de su legislación” (pp. 98). Si bien mantener la entrega del fondo concursable de la Ley de cine implica preservar el financiamiento de obras por medio de concursos públicos (método absolutamente ineficaz para crear o desarrollar una industria audiovisual), el considerar indispensable trabajar en la actualización de la Ley de cine permite ver con buenos ojos las posibilidades que el cine peruano tiene dentro del plan de PPK.

Esta optimista perspectiva no se basa solo en la intención de su única propuesta, sino en la visión general sobre la cultura que el plan proyecta. Este comprende que las industrias culturales requieren “fortalecimiento institucional, mejorar la asignación presupuestal y ampliar las fuentes de financiamiento del sector” (pp. 98); además de ello, solicita “gestionar, en favor de la actividad creativa, información cualitativa y cuantitativa, la actualización de su legislación y el fomento de los subsectores comprendidos mediante políticas y programas específicamente enfocados.” (pp. 99).

Si una nueva Ley de cine es trabajada bajo esos lineamientos, las posibilidades de consolidar una institución como una Comisión Fílmica, institución que tiene como una de sus funciones recabar información cuantitativa y cualitativa referida a los profesionales (revisar el superlativo trabajo de la Comisión Fílmica de Colombia), aumentan y esto, indiscutiblemente, tendría repercusiones positivas para el desarrollo de una industria cinematográfica.

Junto con ello, metas como la creación de la Comisión Nacional de Cultura y que esta sea presidida por los Ministros de Cultura, Educación, Economía y Finanzas, Relaciones Exteriores y representantes de la sociedad civil (pp. 100), indica que las políticas culturales que regirían el desarrollo de la industria cinematográfica (y de las demás artes) no excluirían a ninguno de los actores del proceso, no se limitarían a brindar beneficios individuales a los artistas, sino que buscarían la convergencia de todas las necesidades para el desarrollo conjunto de las industrias culturales.

Más que una propuesta concreta, lo que el plan de PPK ofrece es una posibilidad de desarrollo basada un fortalecimiento institucional y replanteamiento de objetivos para fomentar eficientemente el desarrollo de las industrias culturales. Estas reformas permitirían la creación de instituciones como una Comisión Fílmica, las cuales, bajo un nuevo marco normativo que incluya a todos los actores de la industria cinematográfica y con programas de estímulos que no se limiten únicamente a fomentar el financiamiento público, serían capaces de crear y desarrollar una industria audiovisual peruana.

 

Fuente: Plan de Gobierno de PPK.

Este artículo forma parte del análisis de los planes de gobierno realizado por Pablo Antonio de los Ríos y cuya pieza central pueden encontrar aquí: https://nadacontraelmundo.lamula.pe/2016/04/09/que-propone-para-cultura-3-pedro-pablo-kuczynski/_delosrios_/

Estándar
Business, Cine, Film, Industria, Perú, Uncategorized

Frente Amplio y el cine peruano

Hace poco más de un mes, cientos de cineastas mostraron su apoyo a las medidas culturales que el plan de gobierno del FA proponía (con especial énfasis en lo que representaba para el cine peruano). El siguiente artículo analiza las propuestas, viabilidad y efectividad que estas tienen para crear y desarrollar una industria audiovisual.

La propuesta más concreta del plan del FA en el ámbito cinematográfico es la “Recuperación de CONACINE” (pp. 33), institución formada en 1994 y que ha sido transformada en DICINE en 2011 y DAFO entre el 2012 y 2013. A pesar del cambio, todas estas instituciones obedecían una mecánica de estímulo y financiamiento a producciones cinematográficas basadas en el concurso público.

¿Es esta propuesta adecuada para el desarrollo de la industria cinematográfica? La evidencia histórica demuestra que no; incluso en los últimos 10 años, cuando CONACINE/DICINE/DAFO pudo entregar a cabalidad la totalidad de los premios que el presupuesto del Estado indicaba, la institución no logró cimentar ni desarrollar una industria audiovisual. ¿El motivo? No puede haber desarrollo industrial cuando tus productos tardan de 3 a 4 años en poder ser realizados y estos son expuestos por puñados y sin éxito comercial; así mismo, las políticas de financiamiento público excluyen de la discusión a dos actores clave de la industria, como son los distribuidores y los espectadores, para centrarse en los realizadores únicamente.

La focalización en los realizadores, junto con la demora en los tiempos de producción y la falta de éxito comercial de los productos finales convierten a estas políticas solo en estímulos a trabajos individuales, no en catalizadores de la industria cinematográfica, lo que nos lleva a analizar la segunda (y última) propuesta referida al cine: fomentar el “N° de programas de estímulos económicos aprobados para intensificar la producción audiovisual, con énfasis en proyectos alternativos y articulados a los lineamientos de desarrollo local, regional y nacional.” (pp. 33).

Nuevamente se busca incentivar producciones individuales a través de estímulos, ampliando el rango de financiamiento, pero beneficiando a muy pocos realizadores (si es que se mantiene el modus operandi del concurso público). Junto con ello, el brindar “énfasis en proyectos alternativos y articulados a los lineamientos de desarrollo local, regional y nacional” discrimina a cualquier proyecto con una visión narrativa que no satisfaga esos criterios, cayendo en el mismo error cometido durante el Gobierno Revolucionario de las FF.AA., cuyas instituciones premiaban proyectos en tanto ensalcen la identidad nacional, lo que terminó en la premiación de piezas “documentales” que se dedicaban a grabar paisajes andinos.

El centrarse en la aplicación de políticas de financiamiento público y la inexistencia de criterios u objetivos comerciales, así como de instituciones (tales como una Comisión Fílmica) que cumplan con el objetivo de dinamizar la realización cinematográfica y fomentar su competitividad, deja serias dudas sobre qué tan positiva sería la aplicación de este plan para el medio cinematográfico peruano y los verdaderos beneficios y cambios que representa.

 

Fuente: Plan de Gobierno del FA

 

Estándar